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Libre e imparable
Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, Que da su fruto a su tiempo Y su hoja no se marchita; En todo lo que hace, prospera.
Salmo 1:3 (NBLA)
¿Puedo ser honesta contigo? Por mucho tiempo me sentí espiritualmente atascada: viviendo en un lugar nuevo recién casada, desconectada de mis amistades y escondida para protegerme del temor y del fracaso. Me convencí a mí misma de que mantenerme pequeña e invisible me protegería del miedo, del fracaso y de lo desconocido.
Pero quedarnos estancadas no nos mantiene a salvo. Nos impide participar en la vida próspera que Dios ha preparado para nosotras.
El esconderme sólo profundizó el dolor en mi corazón. Los días que pasé huyendo del propósito me dejaron sintiéndome desconectada, inadecuada y con incertidumbre. Fue como presionar “pausa” en mi propia vida. Estaba paralizada por el temor de no ser suficiente, de no dar la talla.
En medio de mi lucha, me llamó la atención la historia de Elías en las Escrituras en 1 Reyes 19. Después de un momento significativo con Dios en el Monte Carmelo, Elías huyó, lleno de miedo, a una cueva. Ese escondite se convirtió en su refugio, pero también en su prisión. Y aún así, Dios fue al encuentro de Elías en esa cueva, y en Su amor tierno, Él hizo lo mismo conmigo.
Dios no dejó que mi temporada de estancación fuera en vano. Con calma, Él me recordó que no me diseñó para quedarme estancada. Él me creó para crecer, participar y vivir plenamente en sintonía con Él. Dios despertó un anhelo en mi corazón para buscarlo con intención renovada. Pero el cambio no sucedió de la noche a la mañana. Ocurrió mediante pasos pequeños, fieles y constantes, tomando decisiones diarias de buscarlo a Él, buscar comunidad y rendirle mis temores.
La postergación, pensar demasiado y aferrarse a la comodidad pueden mantenernos estancadas. Pero Dios nos ofrece una forma de salir de cada lugar de estancamiento. Él nos quiere ver prosperar aún en las temporadas más difíciles, como un árbol plantado junto a corrientes de agua:
Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, Que da su fruto a su tiempo Y su hoja no se marchita; En todo lo que hace, prospera (Salmo 1:3).
¿La clave? Fe y sinceridad. Hebreos 11:6 nos recuerda: “él recompensa a los que lo buscan con sinceridad” (NTV). Al buscarlo intencionalmente, Él se encuentra con nosotras con fidelidad, fuerza y dirección.
Dios te ve en tu lugar de atasco. Él te está invitando tiernamente a salir de esa cueva y entrar en la vida a la que Él te llama. Empieza de poco a poco. Pídele que te ayude a acercarte un paso más a Él y luego otro.
A medida que nos arraigamos en Él a través del tiempo en Su Palabra y en Su presencia, Él nos fortalece para florecer. Él nos libera de nuestros lugares de atasco y los convierte en propósito imparable para Su gloria y para nuestro bien. Y esa es la vida que Él tiene para ti.
Padre celestial, gracias por verme en mis lugares de atasco y por amarme lo suficiente para sacarme de mi escondite. Perdóname por las ocasiones en que me he escondido de Tu rostro y propósito. Ayúdame a tomar pasos pequeños, llenos de fe hacia Ti, confiando en Tu fuerza y Tu mano para guiarme y para hacerme firme, fructífera e inquebrantable. En el Nombre de Jesús, Amén.
BY ❤️AMA A TU PROJIMO❤️
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